En esta etapa había tanta gente, que te cansabas de saludar a los demás peregrinos. Es una etapa bastante llana, por amplios caminos, bien señalizados. Se acabaron los bosques cerrados, los helechos hasta los hombros, buscar flechas escondidas. En esta etapa, empezamos a ver papeleras en mitad del camino, pintadas en los mojones de las conchas, conchas robadas, basura por todas partes. Dejas de ser tú y la naturaleza y el camino, para ser alguien más de un rió de gente. En esta etapa fue cuando nos dimos cuenta de la suerte que habíamos tenido al elegir el camino de la costa.

El albergue de Pedrouzo no esta muy limpio, la verdad. Aunq tiene lavadora y secadora. Tuvimos que esperar hora y media a que lo abrieran, desespera un poco, la verdad. Había gente que pasaba de esperar y seguía andando hasta Santiago.

Comimos de menú en Regueiro muy bien y compramos unas empanadas en la panadería para cenar.

Está sería nuestra última noche en un albergue.

Se acabó lo bueno, la tranquilidad y la soledad del camino acaba cuando se entra en Arzúa y el camino se une con el Francés. La aglomeración de gente en la puerta del Albergue de Arzúa para pillar una cama, las personas que iban con coche de apoyo y unos metros antes recogían sus mochilas de algún taxi, la sensación de carrera para llegar al siguiente albergue, todo esto le quitó el encanto al camino.

En el albergue, nos tocaba dormir en colchonetas en el suelo, y después de la mala noche que pasaron mis compañeros por los ronquidos en Sobrado, decidimos irnos a un hostal. Encontramos uno por 12€ por persona con baño privado. Estaba muy bien. Era en la Casa Carballeira.

Por la tarde, fuimos a la piscina municipal de Arzúa para refrescarnos, y echarnos una siesta. A la mñn siguiente, tocaba madrugar para pillar sitio en el albergue.

En esta etapa hay varias subidas y bajadas, aunq nos las esperábamos tan fuertes que cuando ya estábamos arriba nos supieron a nada. Se alcanza la cota más alta del camino, 710 metros.

En Sobrado, nos esperaba el Monasterio cisterciense de Santa María de Sobrado. Merece la pena visitarlo. El pueblo tiene servicios de todas clases. Si vas a comer al bar Real, acuérdate de llevar el bañador y después te puedes quedar en la piscina municipal junto al bar. Los mojes son muy estrictos y a las 22h cortan la luz y cierran las puertas, así que hay que ir con cuidado. Nosotros compramos algo para hacernos bocadillos y cenar tranquilamente en el césped, viendo la puesta de sol.

Esta etapa la hicimos gran parte de noche a oscuras, con una linterna y los bastones al estilo de los invidentes para no tropezar. Llegamos a Miraz a las 10, y tuvimos que esperar hasta las 12 que abriesen el albergue. Este, ha sido uno de los mejores del camino, no sólo por la amabilidad de los hospederos, todos ingleses, además, por las instalaciones, todo estaba muy limpio, la cocina estaba completamente equipada con horno y microondas, y además, a las 7 nos servían el desayuno allí mismo. Si pasas por aquí, no dudes en pasar la noche en el albergue pues la etapa hasta Sobrado es muy larga.

Jornada corta, de 19,1km, y muy llana. A 10 Km. de Vilalba hay un bar donde comer algo para tomar fuerzas.

Ya en Baamonde, se agradece que el albergue esté al principio del pueblo. Es muy bonito, uno de los mejores del camino. Además, si vas en grupo te dejan una habitación para vosotros (nosotros éramos 6). Tb tiene delante un césped para echarte y hacerte las curas de rigor. El problema, es el chanchullo que se trae Concha (famosa en el camino) con el dueño del restaurante Galicia.

Concha manda a todos los peregrinos al restaurante Galicia, donde ella es la cocinera, y además se pasa con la sal en las comidas. El marido de Concha, tb hospedero del albergue, nos recomendó otro restaurante junto a la gasolinera, creo que se llamaba la Ruta Esmeralda, donde comimos muy bien.

Por la tarde fuimos a la playa fluvial, está muy bien y muy cerca del albergue.

Cuando estábamos en el albergue, Concha nos dijo que éramos demasiados peregrinos para el albergue de Miraz, y que si veían que íbamos en grupo (aunq éramos 6) podían no dejarnos entrar. A media tarde, cuando llegaban peregrinos preguntando por Miraz, ella decía que había llamado y que estaban completos, y así se tenían que quedar en Baamonde.

Por la noche, fuimos a cenar al Galicia, y fue sentarnos en una mesa para tomar unos vinos mientras esperábamos a que abriesen la cocina, y se nos acerco Xoan Corral (famoso en el mundo entero) para leernos un par de poemas de su libro (conocido en el mundo entero) y soltarnos sus ideas de los homosexuales, de las gentes del mundo y de todos los típicos tópicos que puede haber. Durante 20 min no calló ni se fue. Parecía una mezcla de David el Gnomo y Gandalf. No nos cayó bien, y tras averiguar los chanchullos que se traía con Concha, menos.

Pero como de todo esto nos fuimos dando cuenta después, decidimos levantarnos a las 5 para pillar sitio en Miraz.

Además nos dijeron que no había nada de comer hasta Sobrado dos Monxes, así que compramos comida para desayuno, almuerzo y cena. Por suerte, nos hicimos colegas de los monitores de un grupo de chavales que tb estaban haciendo el camino y nos llevaron la comida en la furgoneta. Pero esto es falso. En el Albergue de Miraz hay comida, te la venden ellos, tienen zumos, leche, pasta, tomate, y todo lo necesario para hacer una cena.

Con la etapa de ayer, se acabaron las grandes cuestas y llegamos a la Tierra Chá.

Poco después de Pontvella hay un puente, y bajando hasta la orilla del rió, hay mesas de piedra, hay hicimos un descanso para tomar el “pincho”. Es un sitio tranquilo y a la sombra. Que en estos días de calor se agradece bastante. La etapa era corta, de 20’4km, así que llegamos al albergue con tiempo para ducharnos antes de ir a comer a Vilalba, que está a 1’6km adelante. Como llegamos en domingo, no había muchos sitios para comer, así que comimos mal y caro en uno cuyo nombre no recuerdo.

El albergues esta muy bien, aunq le sobran escaleras. Las camas están en la 2ª planta y los baños en la primera. Era un suplicio subir por algo al cuarto. En el almacén, hay unas colchonetas (bien las podían llevar para Abadín) que sacamos a la entrada para tomar el sol, relajarnos, cremitas y curar ampollas.

En este albergue ya había más gente. Es el último albergue inicio de etapa que está a más de 100km de Santiago.

Hay gente que la etapa de ayer la continua hasta Mondoñedo, son 7 Km. más, pero así, la subida de Mondoñedo la haces más fresco.

Mondoñedo invita a descansar un poco, visitar la Catedral, y disfrutar del pueblo, por eso nos retrasamos un poco y la comida la hicimos a mitad del camino.

En Mondoñedo, tomamos algo en el bar el Peregrino, nos atendieron muy bien. Los dueños son muy gallegos, y muy buena gente y nos prepararon unos bocadillos para el camino y nos echamos unas fotos con ellos. Y además, muy muy bien de precio.

Después iniciamos la dura subida de Mondoñedo. Poco después de Lousada, paramos para comer junto a un rió a la sombra de unas ruinas de una fabrica de mármol. El sol pegaba con justicia, así que además, nos echamos una siestecilla para que pasara un poco el calor antes de continuar la subida.

Los tramos siguientes, son por pistas de gravilla blanca, que, bajo el sol de la tarde, te abrasa los pies tanto como el asfalto. Si, además le unes la cuesta arriba, te puedes hacer una idea de lo duro que era.

Cuando, por fin, llegamos a Abadín, descubrimos que era cierto lo que decían, el albergue era una mierda. El viejo gimnasio del pueblo, sin camas ni colchonetas, sin ni siquiera lavabos ni agua caliente. Sólo duchas, y la verdad es que de higiene dejaba bastante que desear. Así que hicimos algo muy difícil, desandar el camino andado hasta Gontán, sólo medio Km. antes, al hospedaje del bar Da Feira. Por 8€ cada uno, tuvimos sábanas y toallas limpias, los 3 cuartos en una planta solo para nosotros. A las 21h nos tenían preparada la cena en el salón del restaurante para nosotros solos. Al día siguiente, además, abrieron el bar a las 7 para nosotros. Con todo esto, si vas a hacer esa etapa, ni te lo pienses, para directamente en el bar Da Feira, merece mucho la pena.

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